Participamos del segundo encuentro de la Red de Municipios Costeros de Atacama en el marco de la iniciativa Caletas Sustentables

Caletas Sustentables no es un proyecto de intervención puntual. Es un programa de Fundación Chile con el apoyo de BHP Foundation, que trabaja en las regiones de Antofagasta y Atacama con un horizonte de largo plazo: fortalecer la gobernanza marina, promover el manejo sustentable de recursos costeros y construir capacidad de articulación entre pescadores, municipios y Estado. Su apuesta es territorial y acumulativa.

En ese marco, hace cerca de cinco meses, el programa organizó un intercambio entre pescadores de tres sindicatos de Mejillones —en la Región de Antofagasta— y el comité de manejo de algas pardas de Huasco, en Atacama. El viaje no era turístico ni protocolar: era la oportunidad de que dos comunidades pesqueras con trayectorias distintas se sentaran a compartir cómo han enfrentado los desafíos del manejo sustentable y la organización colectiva. Ese tipo de transferencia horizontal, entre pares que trabajan el mismo borde costero bajo condiciones distintas, produce un conocimiento que no sale de ningún manual.

La misma semana, en Caldera, se realizó el segundo encuentro de la Red de Municipios Costeros de Atacama, con representantes de Caldera, Huasco, Copiapó, Freirina y Chañaral. Nos invitaron a participar en el panel de apertura del encuentro, junto a otros actores del programa, para compartir perspectivas sobre articulación entre actores y cambio sistémico.

Fue un espacio de diálogo, no de presentación institucional: la conversación giró en torno a cómo los municipios costeros pueden cumplir un rol activo en la gobernanza territorial del borde mar, más allá de sus competencias formales. Que un municipio costero se siente con pescadores artesanales, recolectores de orilla y acuicultores a pensar desafíos comunes no es algo que ocurra de forma espontánea. Requiere confianza previa, un lenguaje compartido mínimo y alguien que facilite ese encuentro sin capturarlo. Cuando ocurre, algo se mueve: el gobierno local deja de ser solo el destinatario de demandas y pasa a ser parte de una conversación sobre el territorio. Eso no es un trámite administrativo. Es parte de lo que significa el cambio sistémico en territorios donde el mar organiza la vida cotidiana y también las tensiones más profundas sobre quién decide cómo se usa.

Lo que Caletas Sustentables está construyendo en el norte de Chile es algo que tarda en verse pero que no se improvisa: redes efectivas, capacidad instalada en las comunidades, confianza entre actores que históricamente han operado en carriles separados.

Los encuentros de Huasco —el de pescadores y el de municipios— fueron momentos de ese proceso, no su culminación. Estar presentes, aunque fuera como voz externa convocada a un panel de apertura, nos recordó por qué este tipo de trabajo de articulación importa y por qué vale la pena acompañarlo.

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